Muestra de Cine Rural y Etnográfico del Valle del Almanzora

En muchos sentidos buena parte del cine español ha estado condicionado por lo rural. Pocos son los cineastas que de un modo u otro no han tocado unas temáticas que ahonda en lo rural o han ambientado sus películas en un entorno rural. Incluso en la actualidad, donde inicialmente parece que el peso de lo urbano acoge un sentido de modernidad, pocos son los directores que dan la espalda a historias que tienen en todo lo que se configura como el universo rural su esencia.
Quizás Alex de la Iglesia y Fernando León de Aranoa, podrían ser desde dos puntos distantes los representantes de lo urbano en el actual cine Español, y pocos más se sumarían a esta línea.
Por el contrario, contando con los directores vivos, veremos como Berlanga, Carlos Saura, Gutiérrez Aragón, José Luis Garci, González Suárez, Víctor Erice, Mario Camus, Julio Medem, y un largo etcétera ambientan muchas de sus dramas o comedias en una atmósfera rural o en provincias, concepto este último de difícil precisión pero que suele utilizarse como contrapunto a la capital o a las grandes urbes.
En el cine antes de la guerra civil, se produjeron muchas películas que se centraban en historias de tipismo regional. Nobleza baturra (1935) de Florián Rey y Morena clara (1936), ambas con conflictos amorosos entre diferentes clases sociales, son buen un ejemplo, donde además no faltan las descripciones de las faenas agrícolas como en el comienzo de la primera. Una obra no lo suficientemente conocida pero de indudable valor es La ruta de don Quijote (1934) de Ramón Biadiu, que a modo de las sinfonías de las ciudades de Ruttmann y Vertov, la trasmuta en sinfonía del mundo rural una España anclada en el tiempo de Cervantes. Es también en este periodo cuando se desarrolló el género de la españolada (del francés espagnolade) que se centraba en el tipismo diferencial y folclórico de las zonas más deprimidas y premodernas de la España rural, como la Andalucía rural que se presentaba poblada por gitanos y toreros, con criterios atávicos, reaccionarios y machistas, según acertadas palabras de Román Gubern. En la España franquista se produjeron intentos de huir de ese tipismo rural, sobre todo de aquello que se identificaba con la españolada, precisamente porque se consideraba un extranjerismo y resultado de la denominada España negra. Con palabras como “No toleraremos la vuelta de los gitanos, el retorno de la faca, porque esos gitanos y esas facas son invención más exógena que propia y ya nos han llenado bastante de ridículo y de confusión”, publicadas por el editorial de la revista Primer Plano en 1943, se ponía el dedo en la llaga de un cine que caricaturizaba a los españoles. No obstante, hubo otros que lo consideraban inevitable, como en el Manifiesto a la cinematografía española de Augusto García Viñolas en 1940 en el que señalaba entre otras cosas lo siguiente: “No es por un atajo de impura economía que nuestro cine vino a dar en el tipismo andaluz o intentó refugiarse a la sombra de los dramas rurales, sino por la razón suprema de que toda la vida española era comedia andaluza, cuando no sombrío drama rural”. En cualquier caso, aunque unos repudiaban el aspecto de la españolada y otros veían en el panorama español lo rural se mirase por donde se mirase, lo cierto es que tanto las mistificaciones históricas, los estereotipos regionales, los valores religiosos como la construcción de un supuesto biotipo nacional, todo, o casi todo, nos remitía al mundo rural. El cine de la españolada fue adquiriendo la denominación de cine folclórico, en el que las grandes tonadilleras del momento, como Concha Piquer, Lola Flores o Estrellita Castro, interpretan papeles las más de las veces en ambientes andaluces y orientado a unos espectadores con marcado acento rural; y en la década de los años 40 se prodigó también un cine que se basaba en el drama rural, en muchos sentidos una de las más rancias temáticas del cine español. Títulos como La malquerida (1940) de López Rubio, La Dolores (1940) y Marianela (1940) de Perojo, La aldea maldita (1942) y Orosia (1943) de Rey, Tierra sedienta (1945) de Gil, Las aguas bajan negras (1948) de Sáenz de Heredia, Entre barracas (1949) de Orduña, Un hombre va por el camino (1949) y Condenados (1953) de Manuel Mur Oti, Luna de sangre (1950) de Rovira-Beleta, son algunas de las que ejemplifican esta corriente. Hubo también algunas obras experimentales con una fuerte connotación religiosa que de nuevo tenía en lo rural su mejor exponente, en ocasiones como si se tratase de un contrapunto a Las Hurdes (1933) de Buñuel. Entre ellas Espejo granadino (1944) de José Val del Omar puede servir como muestra de un cine que seguía viendo en la naturaleza y en lo rural una poética y mística de los valores españoles.
A pesar de que el drama rural ira perdiendo fuerza en la década de los años 50, especialmente por la aparición de otros géneros, el mundo campesino seguirá presente en muchas de las producciones cinematográficas españolas. Surcos (1951) de Nieves Conde es sintomática de este aspecto, pues aunque se trate de una película que transcurre en el Madrid de los cincuenta y aunque trate temas de indudable aspecto urbano como el estraperlo, el problema de la vivienda, el paro y la prostitución, su arranque, con la llegada de la familia campesina a la ciudad, y su final, con la vuelta al pueblo, no podía ser más elocuente de cómo el campo, ahora a través de sus personajes, van a tener una continuidad en la cinematografía española con la aparición de un personaje, que luego en clave cómica, el paleto, será un filón en la taquilla y una lacra en el estereotipo del español. Muy diferente es el caso de ¡Bienvenido Mister Marshall! (1953), de Berlanga, que no lo olvidemos sigue siendo uno de los mejores retratos de la España franquista, es decir, de una España rural. En el cine de la última España de la dictadura y la del cine de la primera democracia estuvo también jalonada de un cine que acentuaba el catetismo, en un modelo del español que había emigrado a la capital con todo su bagaje rural, y esto sirve igual si se desplazaba a Madrid, pongamos por caso de buena parte de las películas de Paco Martínez Soria, como el título tan elocuente de La ciudad no es para mi (1966), que si buscaba trabajo en Alemania, como la película también de Pedro Lazaga Vente a Alemania, Pepe (1971) interpretada por Alfredo Landa. Incluso en películas de escenario o temática urbana, se encuentran momentos de merienda campestre con mantel, tortilla de patatas y embutidos en plena campiña, como si un substrato atávico uniera al cine español con lo rural. Lo vimos en El verdugo (1947), y continúa en Almodóvar.

Agustín Gómez Gómez. Profesor CC. Comunicación. Universidad de Málaga.

Prensa:

https://almanzora.ideal.es/actualidad/documental-archiveras-memoria-festival-sierro-20200312203650-nt.html

Benito Zambrano inaugurará la Muestra de Cine Rural del Valle del Almanzora

https://almanzora.ideal.es/actualidad/urracal-acogera-muestra-20180709101239-nt.html

https://www.emartv.es/2018/08/14/cine-rural-etnografico-almanzora/#.XHQIJeRKjMw

https://www.andaluciarural.org/la-ii-muestra-de-cine-rural-y-etnografico-del-valle-del-almanzora-se-celebrara-en-agosto/

http://elalmanzora.com/urracal-celebrara-la-i-muestra-de-cine-rural-y-etnografico-del-valle-del-almanzora/

http://www.almeria24h.com/noticia.php?noticia=44855

http://elalmanzora.com/la-ii-muestra-de-cine-rural-y-etnografico-del-valle-del-almanzora-se-celebrara-en-agosto/

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